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Rococó III

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Jean-Antoine Watteau  Nació en Valenciennes el 10 de octubre de 1684 y falleció en Nogent-sur-Marne el 18 de julio de 1721. Es uno de los pintores franceses más reconocidos en la etapa final del Barroco y la inicial del Rococó. Asimismo, también es reconocido por ser el pionero del género pictórico de las fêtes galantes. Dicho género se caracteriza por la representación de escenas de cortejo amoroso, diversiones, costumbristas pero de la alta clase y todas ellas envueltas en una atmósfera especialmente bucólica.  Aunque no es considerado totalmente rococó por la peculiaridad de sus obras y escenificaciones, es precisamente el mayor impulsor de dicha tendencia en Francia. A pesar de ello, desde sus comienzos en su ciudad natal siempre se inclinó más hacia el ambiente natural, sencillo, realista, lejos de los ambientes cortesanos y las aspiraciones clasicistas y barrocas. Fiesta Veneciana (1719) El joven Watteau a principios de 1700 marchó a París donde comenza...

Rococó II

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Diana y Endimión (1753-1756) El autor había recibido una estrecha influencia de Boucher y supo representar la escena con todas las características propias del Rococó, estilo pictórico que ascendía en aquellas décadas. A pesar de ser una obra temprana en su carrera artística, supo representar la escena con gran maestría.  La escena es la siguiente: en la cúspide de una montaña etérea yace durmiendo el joven pastor Endimión semidesnudo, dejando mostrar su pecho. Se encuentra acompañado de su perro y sus ovejas, una de ellas se percata de la llegada de Diana. Ésta aparece levitando, también comparte de su pecho al descubierto, y con una luna creciente que la rodea como una mandorla. La joven queda sorprendida con la belleza del joven pastor. A su vez, viene acompañada de Cupido, cuya tez Fragonard ha dotado de tonalidades rosas. Cupido aparece representado prácticamente como un bebé y está apuntando con una de sus flechas. Asimismo, correspondiente con el estilo, Fragon...

Rococó I

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Jean-Honoré Fragonard (1732-1806) Fue un pintor y grabador francés cuyo estilo predominante y característico, el rococó, se distinguió por la exuberancia y el hedonismo. Sus obras transmitían una atmósfera de intimidad y erotismo.  Fue uno de los pintores más prolífico y conocido de los últimos años del Antiguo Régimen. Asimismo, destacar la extensión de su obra, la cual ronda más de 500 obras. Sin embargo, sólo 5 de ellas están fechadas con exactitud.  La pintura en aquel entonces no era sino un reflejo de la sociedad: escenas, mayormente amorosas, protagonizadas por opulentos nobles en las que se puede apreciar su nivel de vida. El autor, al ser muy cercano a la alta nobleza y los máximos dirigentes del gobierno, abandonó París en 1793 debido a la Revolución Francesa.  El beso robado (1788) Esta obra pertenece a la última etapa de producción del autor, es de las pocas que están fechadas y una de sus obras más famosas junto a El Columpio .  ...

Barroco XI

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La flagelación de Cristo (1607) Se trata de unas de las obras hechas por Caravaggio a particulares cuando huyó de Roma. En esta ocasión se la hizo a un noble llamado Tommaso de Franchis, para que fuera la pala del altar en la capilla de la Iglesia que poseía en Santo Domingo, Nápoles.  De nuevo, el tema de la obra es bíblico: la flagelación de Cristo previa a su crucifixión, un tema sumamente explotado en el Barroco. A su vez, era un tema muy tratado en la época, ni que decir tiene que la Iglesia recomendaba a sus creyentes más devotos la autoflagelación para aproximarse al sufrimiento que padeció Jesucristo.  En esta ocasión el autor pudo gozar de un lienzo de gran tamaño y longitud que le permitió escenificar a la perfección. Como es fácilmente observable, la figura central y protagonista, Jesucristo, es el foco directo de luz. Cristo, estremeciéndose y cabizbajo, mostrando su famosa corona de espinas, se encuentra rodeado por sus distintos fustigadores: en prim...

Barroco X

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La incredulidad de Santo Tomás (1602) De nuevo, la obra representa una escena bíblica: la duda de Santo Tomás ante la resurrección de Jesucristo, pues duda de su identidad y de si éste ha regresado verdaderamente del mundo de los muertos. De manera que, como hecho desvelador que pudiese probar la veracidad, Jesucristo toma la mano de Santo Tomás e introduce su dedo en herida del costado.  La magnitud de la obra converge, no sólo en la habilidad del autor, sino en el realismo que logra representar. Además de la composición, los tres personajes inclinados y concentrados en la llaga de Jesucristo, sus rostros reflejan inquietud, sorpresa,... Están realmente atónitos.  Asimismo, el habitual naturalismo de Caravaggio está presente, a pesar de su evidente técnica de claroscuro, el Tenebrismo del gran maestro barroco, la luz de Jesucristo tiene unos subtonos amarillentos, que favorecen la idea de su reciente estado sin vida, al igual que su hundido pecho y sus ropajes, p...

Barroco VIII

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Judit y Holofernes(1599) Se trata de una obra de temática bíblica, la ejecución del general Holofernes a manos de la joven y bella Judit. Esta historia apócrifa ha sido, por un lado, rechazada por los protestantes y, sin embargo, por otro lado, ha sido mantenida por los papas católicos Sixto V y Clemente VIII.  Es un pasaje de la Biblia católica no recogido en las escrituras judías que narra como, la hermosa Judit, ante el peligro que corría su pueblo judío de ser finalmente devastado por el ejército de Holofernes, se introduce en su tienda a la noche. Tras lograr seducirlo y con el apoyo de su criada, la tercera figura que aparece a la derecha, lo decapita. Según las escrituras bíblicas, la criada, quien le dio la espada, esperaba fuera de la tienda la cabeza.  Además del evidente y prototípico juego barroco de luces, el claroscuro, lo que más resalta de la obra es el realismo del que ha sido dotada. Ninguno de los tres personajes se ha idealizado: en primer lu...

Barroco IX

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La vocación de San Mateo (1599-1601) La temática de la obra es religiosa: el momento en el que Mateo, quien para entonces era un publicano, un recaudador de impuestos de la antigua Roma, y tenía de por sí muy mala imagen entre los judíos, está en la taberna. Cuando Jesucristo, la figura de rostro iluminado situada a la derecha, entra acompañado por San Pedro, otro apóstol, y señala a Mateo. Éste sorprendido, aparece señalándose a sí mismo pues dudó y preguntó si se trataba de él.  En cuanto a la composición, comenzar comentando que está desequilibrada: los personajes se concentran en la parte inferior del lienzo y, lo que más causó asombro en la época, ninguno de los dos personajes protagonizaba la obra. Es decir, ni Mateo ni Jesucristo son fácilmente diferenciables a primera vista al no encontrarse en primer plano ni tan resaltados por la luz. Sin embargo, ha de añadirse el apoyo del rayo de luz aposta que alumbra directamente el sorprendido rostro de Mateo y el cual, a...