Barroco VIII

Judit y Holofernes(1599)

Se trata de una obra de temática bíblica, la ejecución del general Holofernes a manos de la joven y bella Judit. Esta historia apócrifa ha sido, por un lado, rechazada por los protestantes y, sin embargo, por otro lado, ha sido mantenida por los papas católicos Sixto V y Clemente VIII. 


Es un pasaje de la Biblia católica no recogido en las escrituras judías que narra como, la hermosa Judit, ante el peligro que corría su pueblo judío de ser finalmente devastado por el ejército de Holofernes, se introduce en su tienda a la noche. Tras lograr seducirlo y con el apoyo de su criada, la tercera figura que aparece a la derecha, lo decapita. Según las escrituras bíblicas, la criada, quien le dio la espada, esperaba fuera de la tienda la cabeza. 

Además del evidente y prototípico juego barroco de luces, el claroscuro, lo que más resalta de la obra es el realismo del que ha sido dotada. Ninguno de los tres personajes se ha idealizado: en primer lugar, Judit, aparece como una joven apuesta, sin embargo, sus vestimentas propias de la época son fácilmente asociables al oficio de prostituta. A pesar de esto, muestra firmeza, serenidad y valentía en su expresión, firme y majestuosa, sabe con seguridad lo que debe hacer. En segundo lugar, Holofernes, de cuyo cuello ha empezado a salir sangre con impulso, debido a la cantidad de vasos sanguíneos y el grosor de los mismos, se muestra espantado y horrorizado. Siendo un general tan reconocido, va a fallecer de una forma muy  poco honorable para un guerrero. En tercer lugar, la anciana criada, que espera recoger la cabeza, se muestra disgustada e inquieta mientras contempla la ejecución. La presencia de la vejez acentúa aún más la ya mencionada belleza de Judit. 

La cromática comprende colores cálidos y terrosos, desde el apasionado rojo del cortinaje de la tienda, hasta los marrones y amarillentos ropajes. El juego de luz es el tenebrismo de Caravaggio, centrándose el foco de luz en la escena y, principalmente, en Judit, lo que refuerza el protagonismo. 

El martirio de San Mateo (1599-1600)

Es la primera obra de su etapa romana y una de las que le dedica a San Mateo Evangelista. Se trata de otra obra de temática histórica y bíblica y, al igual que la anterior, dotada de crudeza, crueldad y realismo. 


La escena representa ni más ni menos que la caída del ensangrentado Santo en un piscina, estando rodeado de gente y siendo perseguido por su vergudo, presente también. Todos los presentes parecen alejarse de la situación en distintas direcciones, como si de la onda expansiva se tratase.  Entre todos ellos vamos a destacar, por un lado, el joven que grita espantado y se aparta que se encuentra a la derecha de San Mateo. Es el mismo horror, la misma expresión y crueldad que su obra Judit y Holofernes. Por otro lado, vamos a destacar la cabeza sobresaliente apreciable al fundo denegras barbas, pues se trata del propio autor, Caravaggio. 

Son las expresiones de los personajes, el claroscuro y el característico tenebrismo de Caravaggio lo que dota a esta obra de una sombría atmósfera. Además del desorden, la agitación, el pánico y la estimulación que gozan todos. No obstante, el punto que más acentúa la crueldad de la obra al completo es como el verdugo toma la mano de San Mateo y vuelve su mano para evitar que recoja la 
palma que un ángel pretende darle, como símbolo del martirio. Asimismo, la cromática juega con colores claros, apagados y fríos de las prendas frente a las distintas y cálidas tonalidades que elige para la tez de cada uno de los personajes, aunque sean muy similares. 

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