Rococó I
Jean-Honoré Fragonard (1732-1806)
Fue un pintor y grabador francés cuyo estilo predominante y característico, el rococó, se distinguió por la exuberancia y el hedonismo. Sus obras transmitían una atmósfera de intimidad y erotismo.
Fue uno de los pintores más prolífico y conocido de los últimos años del Antiguo Régimen. Asimismo, destacar la extensión de su obra, la cual ronda más de 500 obras. Sin embargo, sólo 5 de ellas están fechadas con exactitud.
La pintura en aquel entonces no era sino un reflejo de la sociedad: escenas, mayormente amorosas, protagonizadas por opulentos nobles en las que se puede apreciar su nivel de vida.
El autor, al ser muy cercano a la alta nobleza y los máximos dirigentes del gobierno, abandonó París en 1793 debido a la Revolución Francesa.
El beso robado (1788)
Esta obra pertenece a la última etapa de producción del autor, es de las pocas que están fechadas y una de sus obras más famosas junto a El Columpio.
La escena responde a una temática prototípica en sus cuadros, la amorosa. Se desarrolla en un espacio interior, en una vivienda particular. Como previamente se había mencionado, estas obras solían reflejar el nivel de vida de sus personajes, quienes pertenecían a la alta nobleza. Pues tanto es así que la escena es en un gabinete, un tipo de sala de estar más cómoda, privada e íntima que los grandes salones de encuentro de los palacios.
Estas obras se caracterizan por la variada paleta de colores y el detalle. En primer lugar, destacar los detalles del fondo para a continuación proseguir con los personajes. Detalles como el tallado de la madera de las blancas puertas, el bordado de la gran alfombra o los dos tipos de cortinas que aparecen indican perfectamente el nivel de vida de sus inquilinos. Asimismo, sabemos que se trata de un gabinete porque al fondo a la derecha del cuadro y a la izquierda de la dama se ve un grupo de damas. Lo que quiere decir, que son invitadas seguramente que pasan el rato en el gran salón mientras la otra joven goza de su intimidad en el gabinete. Por otro lado, aunque la expresión y los rostros nunca fue el punto fuerte de Fragonard, en esta ocasión ha sabido reflejar a la perfección la sorpresa de la joven, al igual que el impulso de su admirador, quien parece acercar repentinamente para besarla. Para los pintores de la época las vestimentas de los personajes de sus cuadros era de suma relevancia, pues significaban el status social de ellos. De modo que, los autores se esmeraban mucho en la complejidad, el detalle y el brillo, sobre todo de los vestidos.
Por último añadir que, a diferencia de la gran mayoría de la obra de Fragonard, los colores en esta ocasión son reales en comparación a las tonalidades excesivamente rosadas, pasteles o vivas que suele emplear el autor.


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