Barroco VII
Michelangelo Merisi da Caravaggio (1571-1610)
Reconocido como uno de los máximos exponentes del Barroco Italiano, fue un pintor que estuvo activo en Milán, Roma, Nápoles y Sicilia. Se centró mayoritariamente en la producción de pinturas de temática religiosa. Se caracterizó por su detenida observación de la anatomía y el realismo con el que expresaba tanto lo físico como emocional de los personajes de sus obras. Asimismo, por el uso del claroscuro que resultaría a posteriori propio del estilo del Barroco. Sin embargo, llegaría a ser conocido su claroscuro como tenebrismo. Puesto que expresaba vívidamente escenas cruciales, normalmente de lucha, pelea o tortura. Y todo ello mediante el oscurecimiento de las sombras y el resalto de elementos de la composición transfigurándolos con brillantes haces de luz.
San Francisco de Asís en éxtasis (1595)
Es un encargo por parte del cardenal Francisco del Monte con el objeto de celebrar su ascensión al alto puesto católico.
Se observan dos figuras, siendo la principal San Francisco, quien está tendido en éxtasis tras haber recibido los estigmas de Cristo. De manera que, Caravaggio logra unir la causa y el efecto de la crisis del amor divino que sufre éste. Y el personaje resante, un ángel el cuál acuna a San Francisco cariñosamente, con una imagen dulce, de suma hermosura y juvenil.
Para empezar, hablar del presente equilibro entre la calidad y combinación del colorido y el la precisión del dibujo. Y de la influencia del atrevido manierismo, de manera que, se encuentra el cuerpo del santo tendido en el suelo tranzando una diagonal que divide la obra en dos superficies desiguales: por un lado, la superior, en la que oscurece aún más y únicamente se aprecia la floresta y naturaleza. Y, por otro lado, la inferior, donde centra toda la luz. Aunque en esta ocasión trata el claroscuro con suavidad, sin contrastes violentos.
Narciso (1599)
Es considerada una de sus obras más sencillas. En ella aparece la figura de Narciso, cuyo origen se encuentra en la mitología griega. Narciso es un joven de apariencia hermosa, bella y llamativa. Triunfaba entre las ninfas, sin ser correspondido con ninguna de ellas. Y, tras rechazar a la ninfa Eco, Némesis, la diosa de la venganza le castigó haciendo que se enamorara de él mismo. Terminó tan obsesionado con su propia imagen que dejó de comer y de beber y, tras pasar mucho tiempo viendo su reflejo en el agua, se lanzó intentando alcanzar a quien se reflejaba en ellas, muriendo así ahogado.
En esta obra hecha a principios de su carrera profesional, cuando aún se estaba formando, ya se aprecian las características del estilo de Caravaggio. El protagonista de la obra muy iluminado en el centro de un ambiente oscuro, es decir, la técnica del claroscuro. También destacar detalles como por ejemplo, véase el casi real tamaño de Narciso dentro del lienzo apelando a un mayor realismo. O los haces de luz del relejo del agua.


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